Christian Louboutin

JEs uno de los diseñadores franceses más afamados, su expertise son los zapatos, hacerlos sexys e irresistibles, su encanto. Sin embargo, Christian Louboutin es mucho más que eso.

El famoso creador de los stilletos con suela roja nació y creció en París (1964). Él no fue ni rico ni pobre, tampoco vivió una infancia atormentada. Por el contrario, podría describirse como un hombre bastante común en sus inicios.

Vivía con su padre, Roger, quien era ebanista y su madre Irene, ama de casa, y sus tres hermanas (mucho más mayores que él). No obstante, Christian siempre se sintió diferente a ellas, como «demasiado moreno», como él mismo lo definió.

Al sentirse extraño en esa familia «tan francesa», llegó a decir en broma que era adoptado y que él provenía de Egipto. Irónicamente, así fue. Su madre lo tuvo luego de un affaire con un egipcio. En ese país no solo encontró sus orígenes sino la futura inspiración para sus diseños.

Louboutin odiaba la escuela, fue expulsado en tres ocasiones. Lo que a él más le interesaba era dibujar zapatos y la vida nocturna, así que dejó la educación básica a los 12 años. Trabajó como actor en algunas películas y su gusto por la fiesta lo llevó a codearse con Mick Jagger y Andy Warhol.

Para enfocarse en lo que realmente le gustaba, estudió Dibujo y artes decorativas en la Académie d’Art Roederer. El deseo de crear zapatos surgió por un afán de hacer piezas tan femeninas y transgresoras que hicieran sentir empoderadas a las mujeres que los usaran.

Primeros pasos en pies ajenos

Después de viajar por Egipto e India, Louboutin volvió a París. Su portafolio con bocetos de zapatos ya era vasto y esto lo llevó a conocer a Roger Vivier –quien afirma ser el inventor del zapato de tacón con punta. Christian fue su aprendiz en el atelier de Vivier.

Hizo primero zapatos para bailarinas, con este entrenamiento supo que su producto era de buena calidad, pues ellas les daban uso rudo. Más tarde comenzó a hacer piezas para marcas como Chanel e Yves Saint Laurent.

En los 90, ya tenía su propia boutique en el Passage Véro-Dodat de París. Su éxito como zapatero lo llevó a tener clientes como la princesa Carolina de Mónaco y después a trabajar con Jean-Paul Gaultier, Maud Frizon, Chloé —en la era Stella McCartney—, Diane Von Furstenberg y Givenchy.

La famosa suela roja

El encanto de sus piezas radicaba en su lema «Ni demasiado rico, ni demasiado fino». Ya que eran elegantes, pero lo suficientemente «callejeros» para dar ese look sexy e irresistible. Para él, el tacón alto es un básico. Sus diseños comenzaron a distinguirse por materiales atrevidos como el charol, plumas, estoperoles, piedras brillantes, listones y demás.

Entre sus fetiches de perfección estaba algo aparentemente no visible. En 1993, a falta de un toque distintivo en un diseño, decidió pintar la suela con un esmalte rojo para uñas (propiedad de su asistente). Él sabía que esto sería euforia pura y no se equivocó.

Ese sello que podría parecer mínimo ante toda su creatividad ha sido una de sus grandes aportaciones a la moda. Es difícil contar las veces que han querido imitarlo y las veces que él ha actuado en consecuencia.

La manía por los zapatos de suela roja comenzó. Cantantes, actrices de Hollywood, escritoras y celebridades comenzaron a usarlos. Entre ellas: Christina Aguilera, Jennifer Lopez, Madonna, Britney Spears, Tina Turner, Marion Cotillard, Nicki Minaj, Gwyneth Paltrow, Blake Lively y Sarah Jessica Parker, una mujer cuyo primer referente son los zapatos de tacón. Su clienta más importante es la novelista estadounidense Danielle Steel, de quien se dice tiene más de 6,000 pares de Louboutins.

 Christian Louboutin
Zapatos Christian Louboutin, 17,500.

Una vida afortunada

Christian Louboutin es abiertamente gay. Desde 1997 comparte su vida con el paisajista Louis Benech con quien también disfruta de sus vacaciones en una casa en Egipto.

Además de los zapatos de mujer, ha incursionado en calzado de hombres, en una línea de cosméticos, bolsos, carteras, perfumes y también en el arte. En 2007 participó en Fetish, una exposición con el cineasta David Lynch, sus zapatos fueron un punto fuerte para hablar del erotismo.

Y así es como ha creado un mundo del calzado y también una fortuna que se puede entender con un solo dato. Cada año, en su tienda de Nueva York factura 4.5 millones de euros, según datos del diario El País. Como él mismo ha dicho: «Creo que hago un trabajo muy inútil y estoy muy orgulloso de ello» y agrega, «es muy importante diseñar cosas que la gente no necesita»… pero desea y consume.

 

 

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