Alargascencia: durabilidad de tu ropa favorita

En un mundo donde todo va más rápido, donde la fabricación de ropa, aparatos, coches se hace cada vez más masivo y la contaminación parece imparable, llega una «nueva» tendencia con olor a antaño. Se llama alargascencia y es de lo más lindo que puede pasarle al planeta.

Hace unos 20 o 30 años, podíamos ver que era muy común que si una televisión se descomponía, nuestros padres hacían hasta lo último para repararla, llevarla al técnico, cambiarle piezas, lo que fuera. Mientras, esperábamos pacientes en casa extrañándola. Y a veces esa televisión volvía a la estancia y servía muchos años más. Otras no y era como un pequeño funeral.

Ahora, si una televisión no sirve, es muy probable que el mismo día ya tengamos otra nueva en casa para reemplazarla. “¿Reparar la anterior? Sale más caro y no quedan bien”, es la forma de pensar.

Sucede lo mismo con la ropa. ¿Recuerdas cuando mamá o la abuela ponían parches a los pantalones? O que los jeans los hacían shorts y los vestidos de las primas pasaban de la mayor a la menor y ese vestido tenía una vida útil por muchos años. Con la llegada del fast fashion esto se acabó. La ropa dura menos, es más barata, pasa de moda en meses y la combinación de estos factores hace que apreciemos mucho menos lo que vestimos.

A estos ejemplos de un cambio rápido de productos se le llama “obsolescencia programada”, esa fecha de caducidad que tienen la ropa, los aparatos, muebles y utensilios que compramos. “Todo es desechable, nada es para siempre”; “todo es reemplazable, nada indispensable”; “muchas cosas son menos caras, puedes tener más, nuevas y mejores”, son algunos de los mantras que dicta esta realidad que nos ha inundado de cosas que se vuelven basura en poco tiempo.

La obsolescencia programada o caducidad con intención

En España surgió un término que propone una solución a la rápida compra y producción de bienes. Se llama alargascencia y fue creado por Amigos de la Tierra, una asociación ecologista con la misión de fomentar el cambio local y global hacia una sociedad respetuosa con el medio ambiente, justa y solidaria.

Ellos comenzaron con la difusión del término y la idea de que reparar cosas en vez de tirarlas o darles una segunda vida nos ayudará a tener un mundo con menos basura. Así, han propuesto que las personas comiencen a abrir negocios de reparaciones o que ellas mismas las arreglen.

“Teníamos una campaña contra la obsolescencia programada, pero queríamos traspasar parte del trabajo, de la responsabilidad a la ciudadanía para que se comprometiera en no tirar tantas cosas y en recuperarlas. Pensando en un nombre nos salió éste”, dijo Alodia Pérez, responsable del área de Residuos y Recursos Naturales de esta asociación ecologista al sitio S Moda del diario español El País.

La obsolescencia programada es un mal que hemos comprado a la perfección, literalmente. Como los fabricantes se dieron cuenta de que sus productos eran tan buenos que duraban una eternidad, la gente podía tenerlos por años sin necesidad de remplazarlos. Entonces, las ventas bajaban. Al ponerles una fecha de caducidad no indicada, se sabía que un aparato (prenda de ropa) que podía durar 20 años, ahora por software (materiales de poca calidad), por conexiones que cambian (moda), por pequeñas fallas ya previstas (costuras mal hechas), este durará 5 años y será necesario adquirir uno nuevo.

Un negocio redondo que el marketing impulsó para crear mayor deseo por lo nuevo y desechar, sin culpas, lo “obsoleto”.

¿Cómo salir de ella?

La alargascencia, en contraposición a la obsolescencia programada, quiere darle una nueva oportunidad a las cosas rotas y gastadas. Así, en esta tendencia entra la reparación de ropa y aparatos para lo que aún puede tener una segunda vida; los mercados de trueque y las tiendas de segunda mano para esas cosas que unos no quieren, pero otros sí y se pueden aprovechar.

Todos estos esfuerzos no solo evitan la generación de más basura y la compra de nuevos objetos, sino que empiezan a ser una nueva opción de vida para muchos que abren pequeños negocios y talleres. ¡Y en México podemos adoptar también esta tendencia!

Troquer es un ejemplo de este tipo de negocios. Aquí puedes comprar prendas de segunda mano que están en perfecto estado y son de marcas que hacen productos de primera calidad. A la par, puedes vender ropa, zapatos o accesorios que nunca utilizaste, se quedaron nuevos o casi nuevos y alguien más puede adquirir, regresándote parte de la inversión. ¿Qué dices? ¿Te unes a la alargascencia?

Te dejamos un video que deja este concepto muy claro y el impacto que ha causado en la gente que se entera de qué es esta tendencia.

Total
1
Shares