Si antes te morías por productos extranjeros porque no los podías encontrar en México, ahora están en todos lados. Las marcas locales son el nuevo cool.

Hubo un tiempo, antes de 1994, cuando comprar en México productos de otro país que no fuera México era prácticamente imposible.

Tan codiciados eran los artículos de Estados Unidos que no se vendían en los estantes de las tiendas mexicanas, que los niños forraban sus cuadernos con envolturas de chocolates Snickers y galletas Oreo. Eran los 80, y tener una sudadera Gap era lo máximo, sobre todo porque solo los que se iban de vacaciones a Estados Unidos las podían tener. El resto de los mortales tenía que “conformarse” con lo hecho en México, o encargar sus sueños a aquellos que viajaban con los maletones vacíos para comprar ropa en tiendas americanas.

La política económica del país durante las décadas de los 70 y 80 privilegiaba la inversión estatal e impulsaba que sólo se consumiera lo local.

Pero los tiempos y la economía cambiaron, sobre todo después de la firma del Tratado de Libre Comercio en 1994. Los productos importados dejaron de ser un lujo y se convirtieron en lo normal. Las empresas que los producían se instalaron en México. Se construyeron centros comerciales y las marcas más importantes del mundo llegaron aquí para quedarse.

Desde entonces comprar marcas extranjeras dejó de ser edgy por su accesibilidad: lo que no está en el mall está en internet, pero está. Ahora, ante la enorme oferta de marcas de retail, con la misma ropa producida en masa, hemos volteado la mirada a esos “secretos” locales: diseñadores mexicanos que están transgrediendo los cánones de la moda con propuestas que transitan del lujo a la practicidad y a lo conceptual.

1/8 Takamura, Carla Fernández, Yakampot, Sandra WeilPink Magnolia y Kris Goyri son solo algunos de esos nombres locales que se escuchan poco, pero que ahora son lo máximo para vestir. En un giro inesperado, las personas que quieren sobresalir con un estilo único, tienen que voltear su mirada hacia lo diseñado en México. El consumo local ahora no solo es cool, sino que es sinónimo de productos de lujo que combinan calidad, originalidad y, comparados con productos de lujo extranjeros, tienen un precio razonable.

Pero ya que estamos en la nostalgia, valdría la pena recordar por qué artículos inaccesibles hubiéramos cambiado nuestro reino en aquellos tiempos.

Los dulces

La lista de aspiraciones es larga: los Nerds eran los más codiciados, junto con los chicles Hubba Bubba que venían en una compleja presentación enrollada, y los M&M’s. Un pedazo de ate de membrillo nunca hubiera sido tan cool como los Fruit Roll-Ups.

Los accesorios

Tenías asegurada la admiración de tus amigos si llegabas a la escuela con tu carpeta Trapper Keeper y el estuche de Hello Kitty o Keroppi. Para tus labios tú querías un Lip Smacker porque qué oso usar uno de esos bálsamos locales que vendían en la farmacia por mil pesos (un peso actual).

Los lugares

Soñabas con comer en McDonalds, y cuando llegó a México, en 1985, fuiste una de esas niñas que se formaron en la larga fila para poder comprar una hamburguesa. Te pasó lo mismo cuando llegó Starbucks en el 2002 y luego H&M en el 2012. No lo puedes evitar.

El primer McDonald’s en México, 1985

Los juguetes

¿Juguetes Mi Alegría? Obvio no. Tú querías el set espacial de Lego o una Cabbage Patch.

¿Recuerdas algún otro artículo con el que hayas soñado?

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